Tardes Culturales (2)

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 Para la tarde cultural de éste jueves día 23 de Octubre, hemos elegido visitar la exposición que se llama: “Okinawa, la perla de Japón” del fotógrafo salmantino Roberto Del Pilar Cuadrado, expuesta en el palacio de Arias Corvelle, sede del centro cultural hispano-japonés de Salamanca.

 

La muestra ofrece una serie de fotografías captadas en su viaje a la isla principal de Okinawa en el verano de 2013, donde enfocó su mirada principalmente en el colorido paisajístico que rodea la vida cotidiana actual.

 

 

 

El palacio de Arias Corvelle fue construido conjuntamente con el de San Boal, que posteriormente se separa.

En su fachada hemos podido contemplar fragmentos de su construcción inicial, ya que ha sufrido importantes modificaciones a través de los siglos. Al siglo XVI se debe el magnífico patio de dos plantas, con arcos de medio punto y los medallones más hermosos de la ciudad.

Su magnífica escalera recuerda a la de la Universidad de Salamanca, destacando así mismo en el edificio, los balcones y el esgrafiado exterior.

 

 

Fue escuela de comercio en 1953 y posteriormente facultad de empresariales.

Desde 1999 es el centro cultural hispano-japonés perteneciente a la Universidad de Salamanca.

Este centro persigue favorecer el conocimiento y la cooperación entre Japón y España, desde los intercambios académicos y culturales hasta las relaciones económicas. Entre sus actividades están la enseñanza de la lengua japonesa, la semana cultural de Japón, la oferta de cursos para profesionales y empresarios, la organización de ciclos artísticos y culturales, el apoyo a los estudios superiores y la promoción de la investigación sobre Japón y sobre el conjunto de Asia Oriental.

 

 

 

Este palacio también es conocido por un pasaje que sucedió años atrás y que dice así: Habitaba en él doña María Manuela de Moctezuma, V marquesa de Almarza, que fue una noble cuya fama ha llegado hasta ahora, gracias a la codicia de un sacristán.

Una mañana de 1768, estando la marquesa en el palacio sufrió un ataque de catalepsia, enfermedad difícil de diagnosticar en aquella época y parecía que había fallecido. Como la marquesa era muy conocida en la ciudad por su piedad, una multitud se concentró a las puertas de su palacio. Ante esta situación, su marido, el marqués, decidió trasladar el cuerpo de su esposa a la iglesia de San Boal, que está enfrente, por un pasadizo subterráneo, para que la multitud no perturbara el traslado. Durante la noche, el cuerpo fue velado por un sacristán de la iglesia, que vio en la mano de la difunta un anillo. Llevado por la codicia, decidió apropiarse de él.

Cuando fue a cogerlo la marquesa se incorporó dando un susto de muerte al sacristán, cuyos gritos despertaron a los criados. El rumor fue que la marquesa había resucitado. Gracias a la codicia del sacristán, la marquesa se salvó de ser enterrada viva y por ello fue recompensado con una pensión.

Además, la marquesa fundó en 1774 una obra pía en la parroquia de San Boal en beneficio de los pobres que perdura en la actualidad. Años después, la marquesa falleció realmente, el 6 de Junio de 1787, siendo enterrada en la iglesia de San Boal.

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